«Rotten Tomatos» Imra Kazdjistän

by The Translator

El culto y el cuento de la ropa las obligó a desnudarse una a la otra por la fuerza. Stella enterraba su cabeza cada vez más profundo entre los muslos de su duquesa y Maggie estallaba como gata entre los coches.

Antes poco menos de una hora, Stella alargaba el brazo como sin queriendo y el puño de su blusa retomaba; de a ratos su antebrazo se exponía a los ojos de Maggie y Maggie se conformaba. Ahora iba ella tan desnuda que Maggie ni las piernas podía cruzar. Una hora antes, Maggie repactaba todo el tiempo con la falda y cambiaba a cada rato la postura; ahora Maggie se negaba a trastocar tanta premura. Casi ayer se conocían y conversaban, dos horas antes un muslo al descubierto era asunto más secreto que sombras a las doce; ahora Maggie se colgaba por los dientes de la almohada y la asfixiaba, entre sus dedos la tela era ya girones y echaba fuera plumas blancas y lavanda.

Son más de las seis, las viejas del barrio irán a hacer sus compras y el sol broncea las caderas de Stella a ritmo como de cucharas y calderos que redoblan el murmullo. Todas esas plumas blancas navegando por allí y hasta saliendo fuera la ventana como pompas, Maggie que entonaba su loa indescifrable, el filo del sol que rajaba ambos cuerpos y arrojaba el color de sus pieles contra el muro, algunas plumas lavanda se estrellaban contra el suelo y otras subían de nuevo dios sabe cómo, luego se dejaban otra vez caer, y así continuaba en extenso en tanto Maggie se dejaba… En su método de amar, Stella se alimentaba siempre de todo. Las piernas de Maggie eran ahora una estola que le rodeaba la boca y le besaba con su aceite de amaranto. Lo de Stella era en bruto y gentil a la vez. Un polvo con Stella era cosa de hacer gemelos.

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